Mientras el patriotismo se recupera de la resaca futbolera, una nueva tragedia en la mar se cobra la vida de 144 seres humanos que soñaban con un futuro más digno para ellos y sus gentes.
Continuamos repitiendo obviedades, con la esperanza de que en algún momento deje de ser necesario hacerlo: “migrar es un derecho humano” y una constante desde los albores de la civilización. Ninguna valla es lo suficientemente alta para “disuadir” a quienes no tienen nada o casi nada que perder. Guerras, miseria, saqueos, persecuciones sociales y políticas, expolio de recursos vitales, desastres naturales, etc., empujan a muchas personas a sobrevivir lejos de donde nacieron. Por eso no deberíamos ser una fortaleza ni contribuir a ponérselo más fácil a quienes se benefician de que así sea. Ni tampoco cuestionar, sentadas en nuestros privilegios, los motivos por los que alguien tiene la obligación o la necesidad de migrar.
Las vidas y los sueños que se han perdido frente a las costas de Mauritania importan, y como organización anarcosindicalista denunciamos que no son accidentes, son asesinatos provocados por las políticas migratorias de la burguesía y la avaricia capitalista. La Unión Europea, de la que forma parte el Estado español, se vale de organismos –legales o no- que poco a poco van militarizando las rutas o vías que muchas personas tienen que recorrer para alcanzar las costas de nuestro primer mundo. La militarización de las rutas migratorias forma parte de un plan, de una estrategia para poner cada vez más trabas a quienes se lanzan al mar en cayucos e infraembarcaciones de cualquier tipo. Las rutas más cortas están completamente controladas por cuerpos y fuerzas represivas (Frontex, ejércitos, fuerzas de seguridad), y las alternativas son más largas y más peligrosas. En ellas ocurren estos naufragios donde mueren y desaparecen cientos de seres humanos. La ruta del Atlántico es, desde hace muchos años, una de las que más vida se cobra a lo largo del año, y la frontera sur la más peligrosa del planeta para una persona migrante.
Desde CGT se ha exigido innumerables veces vías legales y seguras para quienes tienen que escapar a través del mar de realidades muy duras e inimaginables. La solidaridad internacionalista y el apoyo mutuo tienen que continuar señalando a los cómplices de estas muertes, y desde la acción directa que caracteriza al anarcosindicalismo debemos seguir avanzando sin descanso por la abolición de las fronteras y de las leyes de extranjería, porque hayamos nacido donde hayamos nacido somos una misma clase y compartimos la misma opresión en cualquier lugar del mundo.
CGT lamenta el dolor por la pérdida de estas personas y mantenemos presente a sus entornos directos y a sus familias en aquellos territorios desde donde partieron con la esperanza de mejorar las condiciones de vida de su comunidad.
Ningún ser humano es ilegal porque la clase trabajadora no tiene banderas ni fronteras: vías legales y seguras para las compañeras migrantes, cierre inmediato de todos los centros de internamiento para personas extranjeras (CIE), fin de las devoluciones en caliente y el maltrato institucional que tienen lugar en las fronteras, fin de la criminalización a la persona que decide migrar para ganarse la vida y del racismo institucional.
Secretariado Permanente Comité Confederal CGT

Imagen: Óscar Tomás para EFE.